Por Fabiola LLanos
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Basta ya. No quiero oír más ni ver nada más si sólo nos mueve una noticia morbosa y no “entramos a picar”
El “temita” de la prostitución en países como el nuestro es como la canción del verano: nunca se analiza de verdad, nunca se llega a una sana discusión sobre el trasfondo de esta realidad. Pasa el calor, pasa la temporada de LOS turistas y del calor en las calles y se apagan las discusiones. Sólo un volador de luces que lo único que logra es sacar el foco de atención de otros asuntos tan grotescos y cotidianos como la guerra y nuestra participación en ellas a través de nuestros impuestos en períodos de crisis.
Mientras vivamos en un mundo a la medida del hombre, la prostitución es y será una de las realidades más absurdas en las que estén sumergidas la mayoría de mujeres que la practican. Si vamos a “hablar del tema” no se puede esconder la cabeza, tanto por parte de quienes quieren penalizarla, como por parte de quienes desean legalizarla: la cultura de la humanidad no ha servido de nada para las y los sapiens sapiens, porque tiene como centro al macho de la especie y a sus necesidades, empezando por las primarias, es decir, de las que más cuidado se debe tener.
No se ve el trasfondo. Pagar por una felación, por la penetración o por la masturbación es el único privilegio que algunos hombres sienten que les queda, un poder que se les otorga a través del dinero, en una sociedad que a veces parece estar sentada en las bases de una lógica difusa donde todo tiene datos y análisis relativos.
Al “hombre moderno” se le están acabando sus privilegios ancestrales a fuerza de sus vergüenzas, pero el poder no se cede por voluntad propia. De ahí su frustración y de ahí que aun exista la prostitución. Se acabaron el derecho de pernada como signo de estatus oligarca; se acabaron las violaciones sexuales despenalizadas en la mayoría de países en democracia.
Pero aun se conserva a la prostitución en un limbo legal conveniente, para recordarnos a las mujeres lo que algunos hombres creen que es nuestro fin último: para lo que estamos hechas y hemos nacido, incluso si no cobramos por “nuestros servicios”. Si hacemos gala de ciertos comportamientos sexuales “libertinos” que muchas veces son los mismos del hombre (según los cánones occidentales), si somos violadas y además preñadas por el enemigo, si abortamos, si somos lesbianas, si somos marimachos, si somos “feas” o inteligentes, se llevamos uno o más condones el bolso, si somos guapas o si queremos el divorcio o somos infieles: somos todas PUTAS, con mayor o menor precio y desprecio. Si llegamos más lejos que un hombre en nuestros campos profesionales, será porque hemos hecho servir alguno de nuestros orificios con el o los jefes, no por el sólo hecho de ser mejores o más competentes.
Los techos de cristal están por doquier, incluso en la prostitución, pues es muy difícil dejar de estar en el último escaño de la sociedad (a no ser que seas de lujo y ad-hoc a indeseables como Berlusconi) y tener derecho a otras formas de ganarse la vida y hacer valer nuestros derechos sexuales con quien realmente se quiera, sin necesidad de pensar en que -si no te prostituyes- la seguridad de tu vida está en peligro, así como el saciar tu hambre y el de las personas que de ti dependen, usualmente lejos de aquí, en África, Asia, Europa del este o Latinoamérica.
La polémica suscitada por las fotos de El País el día 2 de septiembre es odiosa, por decir lo menos. Debo decir que da arcadas, pero ha tenido un cierto fruto morboso que despierta mi inquietud: ¿las arcadas se han generalizado?
Por fin, algunos tendrán que abrir los ojos, sacar las legañas, poner las lentillas y operar las cataratas para visualizar correctamente este problema, porque al día de hoy no lo ven claro, no le dan forma y -por lo tanto- no creen que exista realmente. Y eso que no estamos hablando del mito de la caverna: así lo desvelan las horrorosas fotos de La Boquería.
Conozco la prostitución. La vivo a diario desde muy cerca y si hoy me llamaran a un referéndum, votaría por su legalización: para sacar de las sombras esta inmunda realidad donde habitan mujeres esclavizadas al poder de los hombres. Me gustaría que si alguna mujer opta por la prostitución como profesión entre otras varias de las que realmente pueda escoger, sea libremente y no forzada e “ilegalmente”.
Si se penaliza la prostitución, que se castigue a los consumidores, no a las prostitutas.
Si se legaliza la prostitución, se desmantelen las mafias, se expulse a quienes las coordinan, se establezcan políticas de extradición para estos delitos, y que las mujeres que hayan sido sus víctimas sean protegidas por la ley y se les entregue documentación y educación.
Si se penaliza la prostitución, no quiero ver mujeres violadas, torturadas o esclavizadas por hacer oídos sordos y vistas ciegas a la realidad de algunos hombres, y que nos toca -por desgracia- padecer a las mujeres.
Si se legaliza la prostitución, que ser PUTA signifique que puedas y debas hacer la declaración de la renta cada año y que puedas tener una jubilación.
Yo, si cobrase, así lo querría.
FABIOLA LLANOS
FOTOPERIODISTA
X 6491968N
BARCELONA
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