Por Silvina Molina
03/09/2009 para Urban@s en Red
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| Jennifer Piscopo, politóloga estadounidense |
| “La ley de cupo permitió ver a las mujeres como líderes políticas” |
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Hablar con Jennifer Piscopo, politóloga de la Universidad de California (EEUU), próxima a recibir su doctorado en Ciencias Políticas y que posee el prestigioso título de Gates Cambridge Scholar, posibilita conocer una visión diferente del panorama argentino, latinoamericano y de otros países, en relación al cupo femenino y a la doble tarea de las legisladoras. “Me interesó Argentina porque es el primer país en el mundo en tener una ley de cupo nacional –dice en perfecto español- ya que en los países nórdicos, en la época en que Argentina dicta su ley (1991), había políticas de cupo pero sólo dentro de los partidos políticos y era voluntario” - No como ley para que las mujeres ingresen al Legislativo. - Exacto… Argentina es el primer país en el mundo en tener una ley nacional que impulsa políticas públicas para el avance de las mujeres. - Y en Costa Rica, donde comenzaste tu investigación ¿Cuál es la situación en relación al cupo? - Lo que pasa en Costa Rica es que en 1996 se sanciona una ley de cupo, pero es una sugerencia, no es obligatoria. La ley sugiere que los partidos políticos consideren tener un cupo femenino dentro del partido. En 2000 hacen una reforma que la convierte en obligatoria, pero carece de un ordenamiento para ordenar a las mujeres en las listas - O sea que las mujeres pueden quedar al final de la lista. - Claro. Y recién en 2002, Costa Rica hace una nueva reforma que insiste en la obligación para ordenar la inclusión de mujeres en los primeros lugares, al igual que en Argentina. Por eso Argentina es pionera, porque en su ley original tiene el mandato de ordenar en los primeros puestos de las candidaturas a las mujeres. Eso sale en la reglamentación que hizo el ex presidente Carlos Menem. Entonces Argentina es un país de avanzada en este tema. - ¿Qué pasó en otros países latinoamericanos a partir de la experiencia argentina? - En México la situación es bastante parecida a Costa Rica. Tienen una ley que inicialmente no era tan fuerte, y que ha tenido diversos cambios para reforzarla, en el sentido de la obligatoriedad y del mandato de ordenar a las mujeres en lugares altos en las listas. Argentina, México y Costa Rica son los tres países latinoamericanos que tienen las mejores leyes de cupo, ya que estipulan un porcentaje de mujeres en las representaciones parlamentarias. En otros países como Ecuador, Bolivia y Paraguay, hay ley de cupo pero no tienen el fortalecimiento de las leyes de los países que mencionaba más arriba. No tienen la obligación de poner a las mujeres en posiciones elegibles. Otros tienen mecanismos legales que permiten que los partidos políticos no cumplan con el cupo. Por ejemplo, en Brasil hay una ley de cupo, pero no hay un ordenamiento para incluir a las mujeres en lugares destacables. En Brasil ocurre que no sólo ponen mujeres en lugares no elegibles, sino que se ponen mujeres en posiciones que ni existen, porque la ley de ese país dice que los partidos pueden presentar un 150 por ciento de candidatos/as. Es decir, si el partido gana el total de bancas -supongamos que sean 10-, pueden poner a una mujer como candidata 15°… no existe el cargo. - ¿Y en Estados Unidos existe una norma de este tipo? - No. Hay una razón muy técnica. No tenemos votación por lista, tenemos distritos con un solo representante. Es muy difícil imponer cupo cuando no hay una lista. Se puede hacer, porque en otros países no latinoamericanos donde hay distritos con un solo representante, se impone que en determinados distritos se elija una mujer. Es lo que ocurre en India, donde hay un sistema de sorteos que va determinando en qué distritos se vota a un hombre y en cuáles a una mujer. En Estados Unidos tenemos una norma muy fuerte contraria a cualquier política pública de acción afirmativa. Es muy polémica. Yo creo que en América Latina está mucho más instalada la idea de acciones positivas, sea para las mujeres, los aborígenes, los afroamericanos. En Estados Unidos es una idea muy rechazada y tiene que ver con la cultura política. - ¿Te parece interesante el proceso que se ha dado en España, sobre todo a partir de la presidencia de José Luis Rodríguez Zapatero, en relación a la presencia de mujeres en su gabinete? - Es interesante. España tiene ley de cupo y una vicepresidente mujer… un Ministerio de Igualdad. Es parecido a Chile y a Argentina que tiene el Consejo Nacional de la Mujer, a pesar de las críticas que recibe este organismo que creo que hace un tiempo funcionaba muy bien pero ahora no. En España se ha logrado tener mujeres en el Congreso y en el Ejecutivo, y también hay un compromiso político de incluir la cuestión de género en todos los organismos del Estado. Y no sólo en políticas públicas específicas de género, incluir por ejemplo, la mirada de género en el transporte público. - El género transversaliza todas las políticas… - Así es. Avanza en España y también en Chile con la presidenta Michel Bachelet. Y creo que en Argentina no pasa lo mismo. - Pero Chile no tiene ley de cupo. - No. Cuando llegó Bachelet a la presidencia dijo que quería sancionar una ley de cupo legislativo en Chile y mandó un proyecto al Congreso que no logró sancionar. - ¿Y Uruguay? - Y en Uruguay no hubo ley de cupo por años. Hubo mucho intercambio entre legisladoras argentinas y sus pares uruguayas para discutir una ley de cupo. Por lo que he podido investigar, creo que las mujeres uruguayas querían llegar al Parlamento por su propio esfuerzo y no por ley. Pero en marzo último se sanciona una legislación de cupo muy interesante, porque tiene fecha de expiración. Se aplicará sólo en la próxima elección de 2011, y después van a evaluar cómo funciona y decidirán si continúa. Estoy casi segura que es el único ejemplo de una ley de cupo en el mundo que tiene un término. Argentina: la pionera - ¿Cómo ha sido el proceso de investigación en Argentina? - Me interesa ver el proceso de políticas públicas de género y el rol especifico de las mujeres legisladoras en ese proceso. Miro tres etapas del proceso: una etapa que es poner los temas de género en la agenda, produciendo proyectos de ley específicos; otra la sanción de las leyes –teniendo en cuenta que entre la primer etapa y la segunda se perdieron miles de proyectos que no lograron ser ley-; y la última la implementación. En esta última etapa no tienen mucho que ver las legisladoras, pero sigo con atención las acciones de monitoreo que realizan sobre sus iniciativas de género, para hacer que el Ejecutivo nacional y los provinciales implementen las leyes. Trato de ver cómo las leyes de género benefician a las y los ciudadanos. - ¿Qué metodología utilizas? - Entrevisto a diputadas y senadoras y también a los varones que ocupan cargos legislativos. Les hago una serie de preguntas relacionadas con la ideología partidaria, los temas que les interesan, el proceso para sacar las leyes, el lobby. También hablo con funcionarias de Gobierno relacionadas con la etapa de implementación de las leyes, y con líderes de la sociedad civil que trabajan con legisladoras. Creo que hay muchas mujeres que llegan al Congreso Nacional y que impulsan proyectos de género, la mayoría. Lo describo como un doble cargo: las mujeres legisladoras tienen que desarrollar proyectos de género (acoso sexual, salud sexual y reproductiva, reformas laborales para a las madres, etc.) y también militar en la política “normal”, es decir, la política diaria: ya sea la ley de comunicación, reforma electoral, las retenciones al campo, etc. Entonces tienen doble carga. - Es como si el género fuera una especialización y no algo que está presente en cada debate o decisión. - Exacto. Y hay varones que trabajan temas de género. Y lo que me dijeron es “yo acompaño el tema”. Esta frase aparece en todos los discursos de los hombres. Generalmente no son autores de proyectos de género, acompañan las iniciativas de sus colegas mujeres, pero es raro que lo inicien ellos. - Que una mujer ocupe una banca no garantiza que trabaje en género… - Las que llegan al Congreso con un compromiso de género, ya vienen con la convicción y con trabajo previo en el tema. Estadísticamente, entre 50 y 60 por ciento de estas mujeres inician o acompañan temas de género. - Estás cerrando la investigación ¿Algunas conclusiones que puedas adelantar? - La idea del doble cargo de las legisladoras, y también el estereotipo de que las mujeres que militan en género sólo pueden hacer eso. Es un modo de despreciar el trabajo legislativo de las mujeres, para aislarlas, para poder decir que sólo son feministas y no se ocupan de la política “en serio”. Por ejemplo, Marita Perceval es una senadora con gran compromiso de género, con un rol fundamental en la creación de la Banca de la Mujer en el Senado, pero también preside la Comisión de Defensa ¿Por qué cuando se habla de ella sólo se destaca su compromiso de género y no su trabajo en Defensa? Además, en las entrevistas que hice con hombres y mujeres jamás me dijeron que no sirven los temas de género, no es políticamente correcto decirlo, pero noto resistencia. También es interesante ver lo que pasa en las reuniones de Comisiones, lo que no suele verse. Presenciar esas reuniones me permitió ver cómo los grupos conservadores presionan y son hábiles para presionar, para hacer lobby en temas claves. Progresos y desafíos - Volviendo al ejemplo de la senadora Perceval, pienso qué interesante sería que pueda trabajar en políticas de Defensa y transversalizar el género sin que sea algo atípico. - Sí, sí. Algo natural… - ¿La ley de cupo ayudó a la mujer argentina a visibilizarse políticamente? - Creo que ayudó para visibilizar a las mujeres en política. En otros países, cuando una mujer es candidata se habla mucho en los medios sobre “la primera mujer” en tal o cual cargo. Y no lo veo tanto en Argentina. La ley de cupo acostumbró a la gente a ver a las mujeres como líderes políticas. No digo que les gusta, ni que se termine con los estereotipos femeninos, pero la visibilidad genera un acostumbramiento. También, sin duda, ha ayudado a instalar la agenda de género en el Congreso. En todas mis entrevistas, con gente de todas las ideologías, con gente que está en el Gobierno o en la sociedad civil, con gente de organizaciones, todas las personas están de acuerdo en la ley de cupo cambió la agenda. - ¿En las entrevistas que hiciste surgió el tema de modificar la ley de cupo? - En 2001, cuando aprueba la ley el Senado, se dio una discusión sobre la posibilidad de aumentar de un 30 a un 50 por ciento la presencia de mujeres, y finalmente decidieron no hacerlo para enfocarse en temas que en ese momento estaban en debate como la ley de salud sexual. Siempre hay iniciativas para aumentar el cupo, pero van al debate en Comisión y no pasan de allí. Creo que no hay acuerdo fuerte para cambiar. El camino de las leyes - ¿Has hecho seguimiento de los proyectos implementados? - Hay cinco proyectos que creo que se destacan desde 1993 (año en que ingresan las primeras mujeres gracias a la ley de cupo) hasta ahora: la ley de cupo en sindicatos, que es un proyecto de 2001 que establece un 30 por ciento de presencia femenina en las juntas directivas gremiales; las dos leyes de salud sexual, la de 2001 sancionada un año después que instaura el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable, la reforma de 2005 -que incluye la anticoncepción quirúrgica- y la reforma de 2006, que crea el Programa Nacional de Educación Sexual Integral; la ley de 2008 que establece la trata como delito federal, y la última de este año que es la ley de violencia de género. Son las cinco más notables. Hay otras que me parecen interesantes, como la de parto humanizado, y la legislación para refugiados que incluye algunos puntos específicos para mujeres. - ¿Estás haciendo un seguimiento de la implementación de estas leyes? - Específicamente hago un seguimiento de las leyes de salud sexual. - Hay problemas para implementar las leyes de salud sexual. - Sí, a nivel provincial y federal. Es un buen ejemplo para discutir. Se sanciona la ley en 2002 y Ginés Gonzáles García, en ese momento al frente del Ministerio de Salud, muestra un gran compromiso con el tema, entonces, si bien la presencia de las mujeres fue clave para sacar esta ley, había un hombre comprometido con el género. El compromiso político del ex ministro se extendió a las provincias: él fue a cada jurisdicción a explicar esta ley y hacía un seguimiento de la aplicación efectiva de la norma. Luego llega una mujer al Ministerio, Graciela Ocaña, y no se vio el mismo grado de control: comenzó a fallar la compra de anticonceptivos para enviar a las provincias. - ¿Pensás que puede salir una ley de aborto legal, seguro y gratuito? - Lo veo muy difícil. Hay 20 iniciativas, está en agenda parlamentaria, hay compromiso de muchas y muchos legisladores…pero de otros no. Va a depender de muchos factores: la presión de la iglesia católica sobre algunos legisladores/as, y también el papel de la presidencia de la Nación, que parece no querer meterse en el tema. - ¿Algo en particular que llame la atención? - Yo vine por primera vez a Argentina en 2005, y lo que noto cuatro años después, es un lobby mucho más fuerte de la sociedad civil por los derechos de las mujeres. |
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