Por Yoloxochitl Casas Chousal
19 de agosto 2011
Para Americas Quaterly
Hace apenas 58 años que las mujeres mexicanas tenemos derecho a ser ciudadanas. En 1953 logramos cumplir el sueño de las sufragistas de principios del siglo XX: tener derecho de elegir a nuestras y nuestros gobernantes, pero también el de ser elegidas para ocupar cargos de elección popular. Sin embargo, el acceso a la política sigue siendo un mundo, si no vedado para las mujeres, sí de difícil y complicado acceso.
Por ello, durante la década de los noventa, militantes y activistas feministas, basadas en convenciones y acuerdos internacionales firmados por México que robustecían la demanda femenina en el mundo de tener mayor participación política, iniciaron todo un movimiento para aplicar el sistema de cuotas que garantizara una mayor presencia de mujeres en los puestos de elección popular.
Tras haber sido inicialmente una demanda, hoy el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), determina, en el artículo 219, numeral uno que: “De la totalidad de solicitudes de registro, tanto de las candidaturas a diputados como de senadores que presenten los partidos políticos o las coaliciones ante el Instituto Federal Electoral, deberán integrarse con al menos cuarenta por ciento de candidatos propietarios de un mismo género, procurando llegar a la paridad”.
No obstante el avance que significó esta obligación en el momento de conformar las listas a candidaturas—que en la realidad debió verse reflejado en un aumento de mujeres legisladoras—lo cierto es que las artimañas que han utilizado los partidos para evitar que las militantes accedan al Congreso han sido múltiples.
El trabajo de gestión al interior de los partidos por parte de las mujeres ha sido arduo. Denuncias públicas han dado a conocer que ellas empezaron a figurar en las listas pero en lugares donde el voto no las alcanzaría, o eran propuestas en distritos y circunscripciones donde el partido no tenía seguidores que sufragaran en su favor. Incluso aparecían mayoritariamente como suplentes a diputaciones y senadurías.
Es decir, los partidos las incluyen, las postulan, pero el número de votos no les son favorables, entonces no llegan al Congreso.
El caso de las “juanitas”
La LXI Legislatura (2009-2012) ha sido el ejemplo más vergonzoso en esta reciente historia. Todo se inició con la solicitud de licencia de ocho diputadas recién electas. Militantes de los partidos Verde Ecologista de México (PVEM), en su mayoría; pero también del Democrático Revolucionario (PRD), del Revolucionario Institucional (PRI) y del Trabajo (PT), decidieron ceder sus curules a sus suplentes, todos hombres.
Y la burla no quedó allí. Los suplentes de estas diputadas eran los maridos, hermanos, parientes y hasta padrinos políticos. Con ello quedó claramente al descubierto que los partidos políticos—con tal de cumplir la cuota de género—incluyeron mujeres, pero que poco les interesa promoverlas en la política, y menos impulsar políticas en favor de las condiciones de más de la mitad de la población.
En muy pocas semanas—en medio de protestas de otras legisladoras—el número se elevó a 13 mujeres desplazadas. Hubo desde carteles con leyendas que indicaban “este lugar está reservado para una mujer” o “las y los ciudadanos votaron por una mujer”, hasta denuncias sobre que a la Cámara de Diputados llegaría un “grupo de usurpadores que ocuparán los espacios destinados por ley a mujeres, después de haber engañado al electorado”, toda vez que esos señores provienen de un “fraude calculado”, como lo señaló en su momento la Diputada Enoé Uranga.
Por qué “juanitas”
En 2009 también se eligieron titulares de las delegaciones políticas del Distrito Federal. Una de las 16 que conforman el espectro de esta cosmopolita ciudad es Iztapalapa, cuya población asciende a casi 2 millones de habitantes. Desde 1994—con el triunfo perredista (PRD) de Cuauhtémoc Cárdenas a la jefatura de gobierno del DF—esta demarcación se convirtió en un espacio incondicional del PRD, partido del que se conocen bien sus íntimos altercados, dado que en su interior se mueven y conforman diversas fuerzas que denotan las luchas internas por el poder.
En el proceso de selección de candidato a contender por esta delegación estuvieron dos personajes claves para la población iztapalapeña. Rafael Acosta Ángeles y Clara Brugada, ambos apoyados por Andrés Manuel López Obrador (AMLO), figura singular de controversial presencia en el PRD.
Brugada se había perfilado como la candidata natural, pero un problema interno en su partido la dejó descalificada para contender. AMLO apoyó entonces a Acosta, a quien en mitin público lo obligó a prometer que, en cuanto el voto le favoreciera, cedería su lugar a Brugada. Personaje locuaz y populachero, Acosta, quien solía llamarse a sí mismo “Juanito”, terminó por renunciar al cargo y dejar a la perredista en su lugar.
Este hecho motivó una crítica feroz contra la manipulación y se empezó a utilizar el mote de “Juanito” para calificar a las marionetas políticas.
Más mujeres legisladoras
La discutida Reforma Política del nuevo milenio se cierne como espada de Damocles sobre la igualdad de las mujeres en la política. Dado que carece de una perspectiva de género y candados suficientes para que las acciones afirmativas logradas hasta ahora sean respetadas, se teme que en las elecciones del 2012 los casos de “juanitas” se incrementen.
Una mayor presencia de mujeres en el Congreso impulsaría no sólo avances hacia la igualdad, sino que se tendrían más oportunidades para promover reformas y leyes en favor de la condición de las mujeres.
Cuando el Congreso ha tenido diputadas y senadoras con conciencia de género, temas como la violencia en la pareja, el feminicidio, la violación sexual y las inequidades hacia las mujeres en las leyes han salido a flote, se han puesto en la escena de la discusión y se han atendido.
Si no contamos con más mujeres legisladoras, las desigualdades que viven las mujeres en la política, en la economía, en el trabajo, en la salud, en la educación y en otros ámbitos, seguirán pasando desapercibidos. Por ello, es fundamental que la nueva Reforma Política incorpore una visión de género, en la que casos como las “juanitas” sean eliminados, y en efecto se camine hacia un Congreso con paridad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario