Por Tere Mollá
A lo largo de
esta intensa semana se han sucedido acontecimientos que, de nuevo, han puesto
las llamadas “primaveras árabes” en el punto de mira informativo y, por
extensión en mi particular punto de reflexión y, de ahí el nombre de este
articulo, por las dudas que me han suscitado algunos temas.
La muerte del
embajador de los EE.UU. en Libia por un atentado islamista y la posterior ola
de protestas en otros países, mayoritariamente gobernados por los islamistas,
me ha llevado a pensar en la nueva situación de las mujeres de esos países.
En Túnez,
donde gobierna un partido islamista, mientras se redacta una nueva Constitución
aparece a posibilidad de que desaparezca de esa nueva Carta Magna la igualdad
entre mujeres y hombres puesto que para quienes gobiernan la mujer es
“complementaria” del hombre, que no igual.
En Egipto las
cosas están todavía peor, puesto que a la salida del mes de Ramadán, algunos
medios de comunicación denunciaron la violación de varias jóvenes por parte de
algunos hombres. Además se está imponiendo una nueva forma de tortura entre las
jóvenes manifestantes solteras a las que se les realiza un examen vaginal para
comprobar su virginidad y en caso de que no sea así, corren el riesgo de ser
acusadas de ejercer la prostitución. También se baraja la posibilidad de
rebajar la edad legal para contraer matrimonio de los diecinueve a los nueve
años, con lo cual, las familias pueden casar a las niñas a partir de esa edad,
negándole cualquier otra posibilidad de vida a esas criaturas casadas a la
fuerza.
En Libia las
cosas no están mucho mejor que en los dos países anteriores y en Siria siguen
desangrándose en una guerra civil.
En todos estos
países gobernaban dictadores respaldados por occidente que, a su vez les
exigían un “cierto respeto” a los derechos humanos en general y a los de las
mujeres y niñas en particular.
Con las
revueltas de la primavera árabe, avaladas y respaldadas también por occidente
en aras a la libertad de los pueblos y para derrocar regímenes dictatoriales, quienes
gobiernan ahora son regímenes islámicos elegidos “democráticamente” quienes
toman el poder sustituyendo a los dictadores.
Pues bien, es
doloroso comprobar cómo en todos ellos los derechos y libertades de las mujeres
se han visto recortados. Y todo ello con el visto bueno y el beneplácito de
occidente y de los Estados Unidos que armaron a los insurgentes y ahora
reconocen a esos gobiernos como legítimos, despreciando, por tanto los derechos
humanos de las mujeres.
Y a mi
recuerdo acude la revolución en Irán, o la situación en Iraq o Afganistán, por
ejemplo. En estos países en donde hubo revueltas y cambios de gobiernos, la
situación de las mujeres y niñas siempre salió perdiendo.
No estoy
cuestionando el Islam en sí mismo, puesto que mi ateísmo me lo impide, pero sí
cuestiono la interpretación que los líderes espirituales y políticos hacen
sobre las mujeres y su papel en la sociedad. Sencillamente las relegan a ser
invisibles con los burkas, totalmente dependientes de las decisiones de los
hombres de las familias, les niegan la posibilidad de elegir como vivir sus
vidas, las maltratan continuamente desde las instituciones, las degradan a ser
meramente objetos que poseer después del mes de abstinencia del Ramadán, e
incluso a las mujeres extranjeras que acuden a algún evento, se las aconseja ir
cubiertas con pantalones holgados, sin escotes, etc.
Y de ahí mis
dudas. ¿Qué libertades se han conseguido para ellas después de las revueltas?.
Esas mujeres estuvieron con los hombres que lucharon contra los dictadores en
las plazas y calles clamando por la libertad de sus pueblos. Pero en realidad
esa libertad sólo les ha llegado a ellos que se la han apropiado y a ellas, a
sus compañeras de luchas, las han expropiado de libertades y derechos y las han
devuelto sin los pocos derechos que tenían, de nuevo a sus casas.
Y de nuevo se
repite la historia. Pero ahora con el apoyo de los llamados países democráticos
que están permitiendo una brutal regresión en los derechos humanos de mujeres y
niñas de esos países, por intereses no siempre confesables.
Además, con
las revueltas, se destruyeron industrias, campos, etc. que daban trabajo a
algunas de ellas. Y con esa destrucción ha habido un aumento importante de la
pobreza que afecta mayoritariamente a mujeres y niñas.
De nuevo los
credos y religiones asociados al poder construyen una nueva sociedad
pretendidamente más, libre en donde esa libertad es sólo para los hombres,
consolidando de ese modo, un patriarcado si cabe más feroz y violento debido a
las interpretaciones que sólo los hombres hacen de todos los textos sagrados. Y
los gobiernos que les dan sustento, con su silencio cómplice, permiten la
degradación, cuando no la eliminación de los derechos conseguidos de mujeres y
niñas.
¿Realmente ha
valido la pena luchar con ellos para salir perdiendo de todas todas?, ¿Qué
beneficios han conseguido aquellas mujeres que lucharon en las plazas y calles
para derrocar a los dictadores y que aún lo hacen en algunos lugares como
Siria?, ¿Es el nuevo modelo de democracias islamistas emergentes después de
años de dictaduras, mejor para las mujeres?, ¿Tienen las mujeres espacios
políticos permitidos en esas nuevas “democracias”?, ¿Han conseguido esas
mujeres ser un poco más libres e independientes después de derrocar a los
dictadores?
Llamar dudas
cuando conoces las respuestas a esas preguntas, es un eufemismo para poder
poner por escrito lo que siento desde hace días. Y siento rabia y tristeza por
ver cómo se repite, de nuevo, la historia.
Tengo la sospecha de que
están saliendo, de nuevo, bastante malparadas expresiones que siempre me han
provocado admiración. Expresiones como LIBERTAD, IGUALDAD, REVOLUCIÓN, EQUIDAD,
JUSTICIA SOCIAL, LAICISMO, y algunas más.
Supongo que la UTOPÍA
inicial, se ha quedado sólo en eso, en inicial, puesto que en el camino se
quedó la propia UTOPÍA, al menos para las mujeres luchadoras que salieron a las
plazas y calles clamando libertades para todo el mundo.
Ontinyent, 16 de septiembre de 2012.
tmolla@teremolla.net

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