Por Tere Mollá
A lo largo del recorrido de la puñetera
crisis que nos azota hemos ido viendo cómo nuestros derechos de ciudadanía se
han ido recortando con la excusa de las decisiones de este gobierno que
eufemísticamente las llama “reformas”. Bueno de este y del anterior porque el
último gobierno de Zapatero tampoco se quedó corto con su “plan de reformas”.
Nos han
aumentado los impuestos que juraron no tocar. Nos han aumentado los precios de
los productos básicos. Nos imponen reformas laborales que aumentan el paro,
aunque nos explican que tardarán un poco en visualizarse sus aspectos más
positivos. Se han cargado los servicios públicos de calidad, dejándolos como
entes esqueléticos y sin recursos para funcionar correctamente. Nos imponen una
reforma educativa que pretende “españolizar” como en el franquismo y usurpar
competencias que son de las comunidades autónomas. Y además pretenden imponer
su control sobre nuestros cuerpos de mujeres a través de una reforma de la ley
del aborto. O dejan a pensionistas empobrecidos por el repago farmacéutico. O a
las personas dependientes sin su derecho a la percepción de sus percepciones
porque van rebajándoles su grado de dependencia. O dejan sin presupuesto la
sensibilización contra la violencia machista devolviendo a las mujeres víctimas
a su condición de culpables por atentar contra el orden establecido de las
familias convencionales que predican los de las faldas largas y negras.
Con todo esto
y algunas cosas más tenemos más pobreza, más paro, más desigualdad, más peso de
la iglesia en la toma de decisiones políticas a cambio de menos derechos, menos
igualdad, menos libertad, menos recursos públicos, etc y, además pretenden que
nos callemos y lo aceptemos sin más.
Las niñas y
las mujeres nos seguimos llevando la peor parte y, si según los informes de
algunas ONG’s el número de personas pobres ha aumentado en estos años,
seguramente el perfil sería el del rostro de una mujer.
Y mientras
intentan desviar nuestra atención con los desfiles del Día de la Fiesta
Nacional recordándonos a todas horas que ha sido el más sobrio y económico de
toda la etapa democrática. Ah! Y que no estaban ni la infanta Cristina ni su
marido, el inefable Iñaki.
Y la curia eclesiástica,
que no ha notado la crisis puesto que no les han afectado las “reformas” (léase
recortes), frotándose las manos con las decisiones que este gobierno va
tomando. Y, por supuesto aumentando su poder en la sombra, o a plena luz que de
todo nos encontramos.
Ellos, los de
faldas largas y negras, vuelven a campar a sus anchas transmitiendo sus
mensajes misóginos, clasistas y autoritarios a través de las decisiones
políticas que desprecian los más esenciales derechos de la democracia como lo
son las manifestaciones convocadas para protestar por esta serie de medidas
restrictivas de nuestras libertades.
Y con ellos,
con los de faldas largas y negras, todos aquellos nostálgicos que pretenden
recuperar un régimen en el que no existieran expresiones como la de negociación
y sólo existiera la de imposición. Donde no existiera posibilidad de discrepar
y sólo dejaran espacio para la obediencia. Donde los derechos fueran una utopía
y el silencio y la sumisión a los poderosos, a ellos, la norma a seguir.
Pero incluso
con la crisis somos muchas y muchos quienes denunciamos este tipo de agresiones
a nuestros derechos conseguidos gracias a la lucha e incluso vida de muchas
mujeres y hombres que nos precedieron y no vamos a permitir que, de nuevo, se
pisotee su lucha o su memoria.
Saldremos a la
calle, a las redes sociales, a aquellos espacios en donde podamos gritar o
mantener silencio, según nos venga en gana para reivindicar que nuestros
cuerpos y nuestras libertades no se tocan, no se maltratan, no se pisotean. Y a
gritarles a los de faldas largas y negras que dejen de maltratarnos a las
mujeres como lo han hecho a lo largo de la historia, ni a pretender gobernar
nuestros cuerpos y nuestro derecho a decidir a golpe de decreto ley sin tener
en cuenta que somos y seremos resistentes y resilentes a sus mandatos.
A ellos, a todos ellos, los de faldas
largas y negras les acuso de muchos de los problemas que nos afectan como
sociedad en general y como mujeres. Les acuso de pretender un estado sin
derechos, sin justicia social, sin la intervención de la ciudadanía crítica,
sin libertades, sin igualdad. Un estado dirigido por sus adeptos pudientes que
siguen expoliando y explotando a la ciudadanía. Un estado en donde las mujeres
sólo seamos subsidiarias de los hombres y no sus iguales. Un estado en donde el
miedo, su propio miedo, sea el que impere en lugar del derecho y la igualdad.
Y también
acuso a los gobernantes actuales que se han plegado a este mandato pretendiendo
imponer medidas que, aparte de ser injustas, son insolidarias y que atentan
contra la verdadera esencia de un estado democrático y de derecho. Les acuso de
haber convertido la democracia o poder del pueblo en algo que responde sólo a
que nos pidan el voto cada cuatro años y a la que están asfixiando para poder
imponer a través del miedo, sus mandatos y creencias sin ningún respeto a
quienes opinamos de forma diferente.
Necios con
aspiraciones despóticas, mezquinos misóginos, yo os acuso públicamente de
desear tener mucho más poder y privilegios para unos pocos, a cambio de muchas
menos libertades y mucho más sufrimiento para muchos millones de personas.
Seguramente habrá quien os
pueda perdonar pero yo no. Y, espero que la gente a la que estáis condenando a
la pobreza y al sufrimiento, a la falta de libertades y de derechos, a no poder
ser atendidos como personas con dignidad y pasar a ser atendidos sólo como
paradas o parados o como seres subsidiados por ser grandes dependientes o
mujeres que han sido víctimas de terrorismo machista, que todas esas personas y
muchas más, tampoco os puedan perdonar nunca y os acusen públicamente desde
cualquier tribuna.
Yo voy a seguir plantando
cara y acusándoos públicamente. No os perdono, ni os perdonaré.
Quiero, exijo más
libertades, más justicia social y menos mezquindad política.
Ontinyent, 14 de octubre de 2012.
tmolla@teremolla.net

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