Por Tere Mollá
Desde 1999 tal
día cono hoy, 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional contra la
Violencia de Género. Se adopto por la ONU a
través de la resolución 54/134 de la ONU.
En lo que llevamos de año cincuenta y una (sí,
51) mujeres han sido asesinadas por sus parejas o exparejas.
En los últimos 13 años, 877 mujeres ha sido asesinadas por aquellos que decían
amarlas. Son más mujeres muertas en estos años que las víctimas de ETA en los
últimos 51 años. Pero nos negamos a llamarlo terrorismo. Y ocurre seguramente
porqué la expresión TERRORISMO nos parece demasiado fuerte y la reservamos para
los asuntos que afectan al estado. Y, al parecer la muerte de más de cincuenta
mujeres en un años, en cada uno de los últimos años, no es asunto de estado.
En los últimos días, pero sobre todo hoy,
llenaremos las calles y plazas de concentraciones de rechazo, de todo tipo y
color condenando este tipo de violencia que nos mata a las mujeres por el
simple hecho de serlo. Socialmente y, al parecer también políticamente, la vida
de las mujeres vale menos que la de los hombres, sino, ¿cómo se explica que
todavía no seamos capaces de llamar a este fenómeno terrorismo machista?
Lo poderes públicos hoy se llenan la boca de
rechazos, de compromisos, de propuestas, pero ayer y también mañana siguen con
los recortes en estos temas. Y a este, a estos recortes, se le llama VIOLENCIA
ESTRUCTURAL INSTITUCIONAL. Y también se ejerce sobre las mujeres.
Y es estructural, porque impide el acceso a determinados
recursos a las mujeres víctimas para su completa recuperación. Y es
institucional porque quien recorta derechos y acceso a los recursos son las
administraciones.
Pero además también son las administraciones quienes se niegan a
reconocer los mismos derechos a las víctimas de este terrorismo que al
terrorismo político de ETA y, por eso precisamente se niegan a llamarlo de este
modo: TERRORISMO MACHISTA.
A las víctimas del terrorismo político de ETA
las honran recuerdan e incluso las utilizan políticamente porque las tienen
definidas. Saben quienes son, conocen sus nombres, sus situaciones familiares,
e incluso las reconocen con efectos retroactivos, lo cual me parece muy loable
y encomiable.
Del mismo modo que conocemos el nombre de todas las víctimas del
11M y, aunque se les trate de peor manera por parte de las actuales
instituciones del PP, se las reconoce como víctimas así como a sus familiares.
¿Porqué no ocurre los mismo con las víctimas indirectas del
terrorismo machista?, ¿Porqué tanto miedo a reconocerles como víctimas de
terrorismo? Sinceramente no lo entiendo.
Soy consciente que este tema levanta polémica porque se
considera que no es lo mismo la muerte de una mujer a manos de su pareja o
expareja que la de una persona a manos de terroristas islámicos o de ETA,
¿Acaso la muerte tiene matices?. O ¿seguimos pensando aunque no reconociendo
que la vida de las mujeres y por tanto sus muertes, valen menos que la de los
hombres?
Estoy muy enfadada. Mucho. Y no sólo con la gente del PP en las
instituciones quienes deberían tener un acto de decencia política y por lo
menos dejar de leer manifiestos elaborados para este día mientras siguen
ejerciendo violencia institucional hacia las mujeres víctimas y sus familias.
Estoy enfadada también por la falta de madurez ciudadana al considerar a estas
víctimas de diferente manera que a las otras. Estoy enfadada porque no seamos
capaces, como sociedad de exigir que este día sea, cada año, un día de duelo
por la pérdida de tantas vidas. Unas pérdidas estúpidas y sin ningún sentido
que nos dejan como sociedad más vacía si cabe, al tener que prescindir del
talento y de las aportaciones con las que estas mujeres nos podrían haber
enriquecido social y familiarmente.
Sigo enfadada por los silencios cómplices. Porque un silencio,
una no condena explícita de cada uno de los asesinatos de estas mujeres, es un
aldabonazo en las conciencias de quienes denunciamos y exigimos una justicia
social que no llega. Porque el cambio de paradigmas es más necesario que nunca
para sumar esfuerzos y demostrar que las víctimas merecen todo nuestro respeto
y las supervivientes, además, merecen nuestra admiración.
Sólo un aspecto consigue reconfortarme y reconciliarme con la
sociedad y es el hecho de que cada día somos más quienes sumamos nuestros
esfuerzos para denunciar estas situaciones desde todos los ámbitos. Y también
somos más quienes alzamos nuestras voces para decir alto y claro: BASTA YA DE
TERRORISMO MACHISTA!!!. BASTA YA DE MUERTES DE MUJERES!!!
Y somos más mujeres las que alzamos nuestra voz y luchamos, pero
también se suman cada vez más hombres que rechazan este terrorismo. Son más los
hombres que rechazan este tipo de relaciones.
Las acciones de sensibilización y de protesta que llevemos a
cabo ahora, tanto de forma pública como privada, serán, para quienes nos
creemos sinceramente que cambiar esto es posible, nuestro bálsamo contra el
profundo dolor que sentimos en el alma ante la ausencia de más de cincuenta
mujeres en lo que llevamos de año.
Hoy, 25 de noviembre creo que debería ser un día de duelo,
porque tal y como indica la ONU, la Violencia de Género es el crimen encubierto
más frecuente en el mundo.
Voy a seguir denunciando y sensibilizando para poder seguir
dando la voz a quienes ya no la tienen y exigir respeto y admiración a su
recuerdo, pese a los silencios cómplices.
Ontinyent, 25 de noviembre de 2012
tmolla@teremolla.net

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