Por Tere Mollá Castells.
Que los
señores de faldas largas y negras pretenden imponernos su modelo social en
todos los aspectos, no es ningún secreto. Más bien al contrario, con las
últimas propuestas realizadas por el nefasto ministro de educación actual para
su reforma del sistema educativo, es más bien algo de lo que presumen al tiempo
que se frotan las manos mientras esperan los pingües beneficios económicos que
les deparará dicha reforma educativa.
Que el modelo
de mujer que estos de faldas largas y negras pretenden imponernos es el de su
Inmaculada tampoco es ningún secreto y por eso celebran su fiesta con bombo y
platillo, sin importarles el ruido que puedan armar, porque se creen poseedores
de verdades absolutas e inmutables.
El
androcentrismo que depuran cada uno de sus sermones o discursos es tan
evidente, que duele. Y todavía es mas doloroso su silencio ante los asesinatos
de mujeres que se producen constantemente. Y todo ello justificado con lo que
ocurre dentro del “santo sacramento del matrimonio”. O lo que es lo mismo si
estás casada por la iglesia y te pegan no pasa nada por que su dios ha
bendecido esa unión, pese a los golpes e incluso las muertes.
Y además el
modelo de mujer sumisa, sufriente, abnegada y dedicada por completo a los demás
y sobre todo esposa y madre amantísima que es el que predican, es el que nos
puede llevar a las cavernas precisamente por la involución que supone a
nuestros derechos de ciudadanas del siglo XXI. Y con el partido que nos
gobierna tenemos más que suficiente en cuanto a recortes de derechos. No los
necesitamos a ellos, a los de la jerarquía eclesiástica, para que nos recorten
más derechos y oportunidades.
Entre unos y
otros, que en el fondo son los mismos, pretenden hacernos creer que el uso y
disfrute de nuestros derechos y libertades es algo incorrecto y quieren
instalarnos en el miedo y la culpa para continuar con su proceso de dominación.
Pretenden,
políticos actuales y curia eclesiástica, que las mujeres quedemos desposeídas
de la libertad necesaria para poder vivir nuestra vida libre de sus
imposiciones marianas y represoras.
La culpa que
pretenden hacernos sentir por expresar con libertad nuestras opiniones o
ejercer nuestros derechos está encaminada a que renunciemos a esa libertad con
la que plantamos cara y a la que algunas no pensamos renunciar.
El miedo que
transmiten sus discursos, tanto el de los políticos que nos gobiernan como el
de estos de faldas largas y negras, pretende claramente, desmotivarnos en las
diferentes luchas que tenemos entre manos y no sólo en la lucha por la igualdad
entre mujeres y hombres, también en la lucha por los derechos que nos están
arrebatando cada día, con cada Consejo de ministros.
Los derechos
que nos han arrebatado, las libertades que pretenden seguir restringiéndonos y
su clara voluntad por mantenernos como ciudadanas de segunda, va a toparse de
bruces con la voluntad de muchas, muchísimas mujeres que renuncian a seguir su
patrón mariano. Va a toparse de bruces con las voluntades de muchas que
preferimos ser como Lilith, que según algunas fuentes no reconocidas por ellos
(faltaría más) y dentro del aspecto simbólico de la creación, fue la primera
esposa de Adán a quien abandonó precisamente porque pretendía sesgarle su
libertad imponiéndole normas que la llevaban a un estado de sumisión y
complementariedad y no de igualdad plena entre ambos que fueron creados iguales
desde la arcilla. O lo que es lo mismo, al parecer Lilith abandono a Adán por
machista.
Y hemos sido
muchas las que a lo largo de la historia hemos pagado incluso con nuestras
vidas, la rebelión a ese modelo mariano que predican.
De ese modo, lo han
predicado, por ejemplo, a través de las escrituras que están llenas de
incitaciones y justificaciones de violencia y terror hacia las mujeres:
“Jóvenes y viejos de Sodoma, toda la población
hasta el último, gritaban a Lot: - ¿Dónde están los hombres
[= ángeles] que han entrado en tu casa esta noche? Sácalos para que nos
acostemos con ellos. Lot se asomó a la entrada, cerrando la puerta al salir, y
les dijo: -Hermanos míos, no seáis malvados. Mirad, tengo dos hijas que no han
tenido que ver con hombres; os las sacaré para que las tratéis como queráis,
pero no hagáis nada a
estos hombres que se han cobijado bajo mi techo”
(Génesis
19, 4-8).
Otro ejemplo:
“…si resultare ser verdad que no se halló
virginidad en la joven, entonces la sacarán a la puerta de la casa de su padre,
y la apedrearán los hombres de su ciudad, y morirá”
(Deuteronomio).
Y un último
ejemplo:
“Las mujeres cállense
en las asambleas; que no les está permitido tomar la palabra, antes bien, estén
sumisas. Si quieren aprender algo, pregúntenlo a sus propios maridos en casa;
pues es indecoroso que la mujer hable...”
Pablo (14,34-36)
Con estos ejemplos creo que queda claro lo que
han intentado a lo largo de los siglos que llevan leyendo este tipo de lecturas
en los púlpitos: Violencia y desprecio hacia las mujeres que no somos como
María. O, lo que es lo mismo misoginia a raudales.
Por eso, en estos días que siguen celebrando la
fiesta de la Inmaculada, siento que las mujeres, no tenemos nada que celebrar,
puesto que ellos festejan un tipo de mujer que para nada concuerda con la
libertad y la garantía de plenos derechos de ciudadanía. Celebrar esta fiesta
es celebrar misoginia, desigualdad, dolor, sumisión, etc… y, sobretodo
celebrarles a ellos como padres de un credo que nos ha intentado mantener
apartadas de la libertad a través de la culpa.
No les creo en nada. No les reconozco ningún
poder en mi vida y en la medida de mis posibilidades, seguiré sensibilizando en
contra de sus normas, pero sobre todo, en contra del modelo de mujer que
predican.
Como Lilith, les recrimino su machismo y
misoginia y seguiré apartada de sus dictados y peleando por sesgar sus
mensajes. Y, por supuesto echándoles en cara sus silencios cómplices ante el
terrorismo machita que, a través de sus escrituras sagradas siguen
justificando.
Y sé que no estoy sola. Somos muchas y cada día
más hombres quienes pensamos de ese modo.
Ontinyent,
9 de diciembre de 2012.
Teresa
Mollá Castells
tmolla@teremolla.net

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