Por Tere Mollá Castells
Esta semana alguien me
preguntó si el feminismo seguía siendo necesario en los tiempos en los que
vivimos. El argumentarlo para justificar la no necesidad del feminismos en
nuestra sociedad actual fue el que he escuchado miles, por no decir millones de
veces: Que si la Constitución y su artículo catorce, que si la “discriminación
positiva” que se está dando, que si las mujeres somos unas maltratadoras
psicológicas, que pretendemos que nos “mantengan”, que si hay tantas denuncias
por violencia de género es por los medios que exageran mucho y sólo sacan los
casos de mujeres pero también hay hombres maltratados y no salen en los
telediarios, que si los “pobres hombres” se encuentran acorralados y ya no
saben cómo relacionarse con nosotras porque temen ser denunciados a la mínima
broma que nos pueden gastar,…y así un largo etcétera.
Aseguro a quien pueda leer
esto que hice un ejercicio de paciencia voluntaria para escuchar (de nuevo)
este argumentarlo por ver si alguna novedad pero sólo había una y no estaba en
el mensaje, sino en quien lo sustentaba: Una mujer joven, de unos apenas veinte
años.
Y voy a comenzar mi
respuesta diciendo lo mismo que le dije a ella: que soy feminista por
convicción y que mi pretensión es que los derechos humanos de hombres y mujeres
sean realmente los mismos en todas partes y desmaquillar y desnudar las
desigualdades para hacerlas visibles y corregirlas. Que no me vale el llamado
“derecho natural” que justifica que somos diferentes porque la naturaleza nos
ha hecho diferentes.
A partir de ahí intenté
(creo que sin mucho éxito al menos de inmediato) explicarle a esta joven que el
feminismo no sólo era necesario, sino que es imprescindible si realmente nos
creemos que somos una sociedad democrática.
Y es necesario porque aunque
no se quiera ver, seguimos tratando de forma desigual a niñas que a niños
incluso antes de nacer, porque nos socializamos de manera desigual y por tanto
asumimos roles desiguales. Porque el patriarcado pervive en cada rincón de nuestra
mente e incluso de nuestros corazones permitiendo incluso que haya gente que
justifiquen la mayor de las desigualdades: el terrorismo machista. Porque sigue
habiendo instituciones como la iglesia católica que niega explícitamente
derechos a las mujeres y sigue considerándonos como subsidiarias de los hombres
y otras como la RAE que consideran a través de sus definiciones que las madres
no engendramos sólo parimos. Porque se siguen pisoteando nuestros derechos y
libertados, como por ejemplo nuestro derecho a decidir sobre nuestro propio
cuerpo y nuestra maternidad. Porque se nos siguen relegando a puestos de
segunda o tercera categoría en los espacios de toma de decisiones. Porque
seguimos cobrando menos por realizar el mismo trabajo. Porque aunque las aulas
universitarias están llenas de mujeres, son los hombres quienes las dirigen.
Porque aunque las mujeres tenemos una mayor expectativa de vida, los estudios
sobre salud se siguen realizando mayoritariamente sobre los hombres. Porque la
historia nos sigue ocultando las obras de arte y aportaciones de todo tipo
realizadas por mujeres. Porque nuestros cuerpos de mujeres son utilizados como
campos de batalla allá donde los hombres lo deciden sea en un conflicto armado
o en un conflicto de pareja. Porque nuestros cuerpos de mujeres son
secuestrados y maltratados para ser explotados sexualmente en otros países o
lugares del mundo. Porque los derechos humanos de las mujeres son pisoteados
sistemáticamente en muchas zonas del mundo e incluso de nuestro mundo particular.
Porque los espacios simbólicos que nos imponen ya existe toda esa desigualdad y
violencia simbólica o estructural desde antes de nacer. Porque la pobreza de
ceba en mujeres y niñas. Porque nos matan por ser mujeres.
Y así muchísimos argumentos
más y que se podría resumir en uno: Mientras exista una sola mujer en el mundo
a quien hayan pisoteado uno sólo de sus derechos humanos, el feminismo no sólo
será necesario, será imprescindible.
Porque el feminismo es una
forma de vivir y de pensar que considera a las personas humanas, seres libres y
con plenitud de derechos y de potencialidades más allá de su género. Porque
busca fomentar las fortalezas de todas las personas para construir una sociedad
igualitaria y justa. Porque busca la justicia social en todos los ámbitos.
Porque pretende equilibrar el androcentrismo con la igualdad y la plena
libertad de todas las personas, desmontando el patriarcado y los aspectos
simbólicos que le representan para construir espacios de igualdad real y
efectiva al tiempo que pretende que los talentos de más de la mitad de la
población mundial se incorporen en todas las esferas de la vida. Porque
pretende romper y eliminar privilegios históricos para con la mitad de la
población. Porque se cuestiona el orden de las cosas para deconstruirlo y
volverlo a construir desde una perspectiva más solidaria. Porque la violencia
no aportan nada positivo a las vidas de las personas en ningún sentido. Porque
es una manera de vivir y no sólo de pensar que nos iguala y nos acerca. Porque
entiende que poder y autoridad no son lo mismo y busca relaciones humanas mucho
más horizontales y simétricas. Porque no trata a las personas como objetos y
les devuelve la integridad y la dignidad total que han de tener como seres
humanos libres.
Y afortunadamente muchas
mujeres jóvenes e incluso hombres vienen detrás pisando muy fuerte y apostando
incluso por nuevas formas de feminismos que serán los del mañana, aunque el
objetivo ha sido, es y será el mismo: la lucha por una igualdad real y efectiva
de derechos y oportunidades entre todas las personas y en todos los ámbitos de
nuestras vidas.
Ontinyent, 20 de enero de 2013.
Teresa Mollá Castells
tmolla@teremolla.net

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